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OPINIÓN

Alejandro San Francisco: Chile y España, política en paralelo

Parece que la trayectoria política de ambos países tuviera una suerte de espejo por el cual se miran y transitan sus historias.

Este domingo 23 de julio España va a las urnas para definir su próximo gobierno. Como sabemos, tras los resultados de las elecciones autonómicas, el presidente Pedro Sánchez decidió fijar las elecciones para esta fecha, adelantando el escenario ante la posibilidad de sufrir un desgaste permanente el resto del año y porque el sistema permite al gobierno convocar a los comicios antes de cumplirse el período de la legislatura.

Muchas veces procuramos hacer comparaciones entre Chile y España, en materia política e histórica, lo que resulta particularmente interesante. Por cierto, es necesario hacerlo de forma amplia, de manera de incluir tanto aquellos aspectos más homologables como las evidentes diferencias existentes. Eso permitirá comprender mejor las respectivas trayectorias históricas, la organización de los partidos, así como sus regímenes de gobierno y procesos electorales.

Sin forzar las cosas, parece claro que hay antecedentes históricos paralelos: la Guerra Civil Española tuvo gran impacto en Chile, donde las noticias eran seguidas y en muchos casos despertaba un compromiso incluso mayor. Una de las dinámicas instaladas radicaba en la lucha anticomunista, que también estuvo presente en el Chile de la Unidad Popular, que a su vez concitó interés en España. El resultado de ambos procesos fue la instalación de gobiernos liderados por militares, largas dictaduras que celebraban el triunfo contra los enemigos de la patria y que eran condenados por sus opositores, pero también en la comunidad internacional. 

Si bien en su momento la transición a la democracia fue evaluada en ambos casos de manera positiva, como ejemplos de consolidación de instituciones libres y realizadas de manera pacífica, es posible encontrar dos diferencias cruciales: la primera es que en España la transición comenzó solo tras la muerte del caudillo Francisco Franco, en tanto en Chile de realizó en vida del general Augusto Pinochet; la otra es que bajo el gobierno de Adolfo Suárez, en 1978 hubo una nueva Constitución en España, en tanto en Chile siguió rigiendo la Constitución de 1980, que solo fue cambiada bajo el gobierno del presidente Ricardo Lagos en 2005. La discusión y el resuma de un nuevo cambio constitucional están en pleno desarrollo.

En términos generales, durante varias décadas ambas democracias gozaron de prestigio internacional y generaban un legítimo orgullo a sus actores principales. Paralelamente, los dos países lograron un impresionante desarrollo económico y un progreso social que contrastaba con la pobreza que los había caracterizado en el pasado. En materia política, si bien con diferencias, se conformaron en España y en Chile dos grandes fuerzas: el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Popular (PP) en el primer caso, y la Concertación de Partidos por la Democracia y la centroderecha -hoy Chile Vamos, pero que ha tenido distintas denominaciones- en el segundo.

Sin embargo, casi un cuarto de siglo después de las constituciones de ambos países -de 1978 en España y de 1980 en Chile- surgieron en ellos críticas, desencanto y deseos de cambio, asociados a situaciones y conflictos internacionales, como la crisis económica de 2008 y los movimientos de protesta de la década siguiente. Sin embargo, también había factores internos, como cierto hastío por el sistema vigente y las promesas que muchos creyeron de un futuro distinto, que superaría los límites de lo posible. A esto se suma un cambio generacional relevante, aunque sea sólo simbólico: entre ellos se encuentran la muerte de Pinochet en Chile (también de otros líderes políticos de 1973), así como la muerte de Suárez y la dimisión del rey Juan Carlos en España.

En paralelo a todo ello se produjo la génesis de movimientos alternativos, recelosos de la transición o de la democracia tal como se había desarrollado, que dieron origen a Podemos y luego a Más País, movimientos liderados por Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, mientras nació también el Frente Amplio de Gabriel Boric y Giorgio Jackson. A su vez, las derechas experimentaron sus propias divisiones, que se manifestaron en el surgimiento de Ciudadanos y Vox en España, así como de Evópoli y el Partido Republicano en Chile. Parece que la trayectoria política de ambos países tuviera una suerte de espejo por el cual se miran y transitan sus historias.

Sin perjuicio de ello, en materia electoral, y especialmente en esta jornada del 23 de julio, que definirá el gobierno de España, es necesario precisar algunas diferencias fundamentales entre los respectivos regímenes políticos y sistema de partidos. España tiene un régimen parlamentario y Chile uno presidencial; por lo mismo, al presidente del gobierno español lo elige el Congreso de los Diputados, integrado por 350 personas, de manera que se requieren 176 votos para elegir al nuevo gobernante.

Por lo mismo, en la noche de la elección es probable que no haya gobierno, aunque existan ganadores y perdedores, pero incluso esto se puede relativizar, porque es muy probable que ningún partido tenga mayoría y deban buscar aliados para gobernar o bien para recibir el voto de confianza correspondiente para llegar a La Moncloa.

El sistema chileno es de elección directa: en la noche de la elección -así ha sido desde 1999- se eligen a las dos personas que disputarán la segunda vuelta (antes Aylwin y Freí Ruiz-Tagle triunfaron en primera), y esa misma noche emerge el presidente electo.

Hay otra diferencia notable, de tiempo histórico. En España, Podemos subió rápido y gobernó junto con el PSOE, pero sus líderes perdieron elecciones importantes y su marca se deterioró. La nueva izquierda de Podemos, llamada a reemplazar a “la casta”, perdió su oportunidad y hoy es solo un recuerdo, mientras los socialistas siguen siendo la principal fuerza de la izquierda, como lo fue con la victoria de Felipe González en 1982. En la derecha pasa algo similar: Ciudadanos -ya hundido- pareció amenazar el liderazgo del PP y lo mismo ocurrió con Vox, que sigue siendo una formación relevante. Con todo, este 23 de julio es Alberto Núñez Feijoo el candidato con más votos y posibilidades de llegar al gobierno por la derecha.

En Chile el proceso político se precipitó. En la elección de 2021 disputaron la segunda vuelta presidencial dos fuerzas relativamente jóvenes: el Frente Amplio -en alianza con el Partido Comunista-, con su candidato Gabriel Boric, y el Partido Republicano, con José Antonio Kast como su líder. Es decir, ambos superaron a la centroizquierda y a la centroderecha respectivamente, lo que representa uno de los cambios más importantes de la democracia chilena desde 1990.

Sobre el futuro, es difícil saber qué pasará, pero hay algo que hoy es claro: el Frente Amplio ha perdido votos, prestigio y liderazgo, y muchas de sus promesas del pasado no ha sido ejecutadas desde La Moneda. Los republicanos, en cambio, se han fortalecido, como mostró la elección de consejeros constituyentes del pasado 7 de mayo. La Concertación está prácticamente pulverizada, en tanto Chile Vamos sigue siendo una fuerza relevante. Pero, como sabemos, la política es dinámica y no es lineal, por lo que el futuro sigue abierto: así lo veremos en las elecciones españolas de este 23 de julio, y sin duda también en la azarosa y movida política nacional.


Alejandro San Francisco, Director de Formación Instituto Res Publica.